En aquél entonces, según toda la gente que me rodeaba, tenía como se dice, “todas las de ganar”. Había pasado los grados sin dificultad y con calificaciones poco menos que brillantes. Ahora me iba lejos, pero al parecer no dejaba nada atrás, porque sentí que nada había sido significativo hasta ahora. El campus al que iba a ingresar aparecía frente a mí como el lugar ideal para dar una vuelta de tuerca a una vida que siempre había sido demasiado tranquila y sin acontecimientos.
Después todo salió horrible. Es increíble la capacidad de evadir y aguantar que tiene el ser humano. A fin de poder avanzar a través del simple hecho de estar parado allí cumpliendo los deseos de personas que no eran yo, pasé por todos las instrucciones que ves en una guía cualquiera de “como arruinar tu juventud”. Excepto ir preso. Porque la idea es pasar desapercibido. Tarde o temprano todos estallamos.

Luego viene el desgano. Tú te crees muy especial porque piensas cosas que el resto no se plantea y comparado con la gente a tu alrededor, que corren todo el día porque siempre los está persiguiendo algo, eres un pseudo Buda. Y tienes “gustos adquiridos”, y te sientes satisfecho de lo mucho que te aburre la gente en general. Seguramente lanzas comentarios estilo “la gente es tan…” por lo menos 2 veces al día. La autoexploración es muy pero muy buena, pero créeme cuando te digo que puedes apartarte un poco del mundo y seguir pisando el mismo suelo que todos al mismo tiempo, en vez de armar un soberbio castillo para tí y tu mal disimulado ego.

Va a ser necesario que te saquen de tu jodida comfort zone. Eso y quizá dejar de fapearte por unos días. Entonces empiezas a pensar un poquito más allá.
La primera realización es que todo cuando se ha hecho, y en especial lo que se ha hecho mal, es experiencia. Y la experiencia siempre suma, siempre va hacia adelante. Por lo que siempre estás ganando algo, incluso cuando pierdes. Y vaya que yo sí había perdido. Y es allí cuando cobra sentido todo el montón de historias que te han hecho mirar a la nada por minutos después acabarlas, las películas que te han hecho llorar, los juegos que hacen soltar un suspiro de nostalgia y los amigos que supieron ver lo que era valioso en tí. Porque antes, a todo le llamabas entretención, pero ahora es muchas otras cosas. Este es un buen momento para llamar a esas buenas personas a las que apartaste por tanto tiempo, por excusas como “nah, mejor no molestarle”.

Sólo faltaba liberarse de los orgullos, de las aspiraciones inútiles y los cuentitos de autocomplacencia. Hizo falta abandonar la posición de ejemplo y ser mirado hacia abajo para sentirme libre al fin.
Y esta es la historia de como salí de esta galaxia de 4.5 años.

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