ATENCION: Spoilers. Pero no en el sentido literal, cuando veas la serie no los vas a notar.
The King has come!
To lighten up our feet
The King has come!
With justice till the end
The King has come!
To save us from the dark.~ Reveal the World – Brenda Vaughn
En una nación que se encamina directo al abismo, la desesperación de un hombre que ha dado su vida por el renacer de su país ha convertido en realidad una idea tan descabellada como -por qué no decirlo- sádica. Doce personas, 10 billones de yenes para cada uno. ¿Qué hacer? El objetivo es simplemente “salvar el país”. Quién lo logre será el único sobreviviente.
Tras 11 episodios, finalmente uno de los doce ha dado un paso decisivo, y se ha convertido en un símbolo, en un estandarte, en un Rey. ¿Pero será esto suficiente?, ¿serán las acciones del nuevo Rey las correctas a fin de lograr su objetivo?.
Con la -al parecer- definitiva conclusión de Higashi no Eden que ha dado Paradise Lost, me parece interesante escribir sobre lo que es para servidor, lo que hace que Higashi no Eden no sea sólo otro anime de acción/misterio, como señalé escuetamente en el post anterior. Es un poco más que eso, y puede llegar a más.

Uno de los signos más importantes que definen a las dos últimas décadas que han pasado, es la llamada “muerte de las ideologías”. Durante las décadas anteriores se sucedieron grandes batallas de ideas, mil y una revoluciones, nuevas corrientes de pensamiento, escuelas políticas, etcétera etcétera.
Las generaciones de la post-guerra (nuestros padres y abuelos) fueron testigo de todas ellas, y asimismo asumieron posiciones en cada una. La antigua sociedad, y los viejos modelos de comunicación y las circunstancias personales les impulsaban a hacerlo. Eran las épocas de los “groupthink” y de la política que decía poner los ideales antes que el pragmatismo.
La generación posterior, la nuestra, se encuentra en el centro de una dicotomía interesante. Esta es una generación protegida, de eso no hay ninguna duda. Aquella matriz que nos asiste a cada uno de nosotros en nuestro ‘desarrollo’ al parecer crea cada vez individuos más eficientes. Pero al mismo tiempo, el debilitamiento de los medios e influencias tradicionales junto al florecimiento de los nuevos medios han generado individuos más solitarios tanto física, como en escalas de valores, objetivos de vida y concepto de éxito, por decirlo de algún modo.

La consecuencia de todos estos factores conduce al inicio de una fragmentación en las sociedades, lo cual ya se está observando en algunas naciones desarrolladas (Inglaterra, Japón). Las nuevas generaciones ya no sienten la necesidad y/o son incapaces de asumir los modelos y valores que son impuestos por la antigua generación. Algunos por vagos (a quienes a partir de este momento excluiremos de este texto, lol), y en otros casos porque carecen de redes y conexiones, ergo, se encuentran fuera de la dinámica social. Y éste conjunto de personas que cada día va en aumento es la que recibe denominaciones como generación boomerang, twixters, freeters, o NEETs.
Dentro de este concepto, Higashi no Eden es simple y llanamente un relato sobre un par de grupos de desplazados sociales. Son desplazados no por falta de potencial o educación. Han pasado por cada una de las etapas que el sistema nos provee. Pero su alejamiento de los modelos tradicionales de pensamiento y la creciente imposibilidad de optener un empleo estable los hace dudar de sus habilidades vocacionales, y en definitiva, de su propio valor como individuo.

Asimismo, la relación entre la pareja protagonista es una de quién guía y de quién necesita ser guiado. Por eso es que ambos protagonistas son igualmente importantes.
Saki Morimi es la proyección no sólo del grupo de personas que componen la startup Eden of the East, sino también de los 20.000 NEETs que desaparecieron de forma misteriosa, y no me voy a repetir porque la definición de su persona está escrita en párrafos anteriores. Es el estandarte de esa parte de nuestra generación paralizada por el temor al futuro, pero que a pesar de eso tratan de salir adelante con un sueño. Con una idea original que quizá pueda moldear la sociedad y lograr que su potencial sea apreciado. Las flores saliendo de la basura en el opening son un notable guiño.
Al otro lado de la acera, el repetido hasta la saciedad héroe amnésico, quién en un principio mantiene ocultas sus intenciones, hasta darse cuenta se su propio rol.
“En este país hay muchas personas inteligentes, pero nadie se atreve a asumir el liderazgo”. Akira Takizawa es quién decide guiar a todos esos jóvenes, porque cree y confía en ellos, tanto que llegó a sacrificar su memoria por ello. Y así es como todas las metáforas del Mesías cobran sentido. Para salvar el país, le dará aliento y esperanza a toda una generación, les dará las herramientas para que descubran que ellos también son valiosos, y sobretodo, les mostrará que si todos se esfuerzan en pos de un objetivo común, pueden cambiar el mundo.
Tal y como en esas antiguas cintas que Akira recordaba sin saber porqué. Películas sobre tipos que usaban balas y pistolas para alcanzar la libertar y crear su futuro.

BANG.
PD: Que descanse en paz, Jun Seba.
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